La fotografía bélica ocupa un significativo valor en la construcción de la memoria colectiva y en la representación del sufrimiento humano. Sin embargo, su función va más allá de la documentación, y abre un debate ético y estético. En este contexto, Susan Sontag (2003) advierte que las imágenes de violencia pueden generar diferentes reacciones que van desde la empatía a la insensibilización del espectador, en especial cuando la repetición constante de estas imágenes produce una forma de anestesia moral. Por otro lado, Roland Barthes (1980) propone una lectura más íntima de la fotografía, centrada principalmente en la experiencia subjetiva del espectador, a través de conceptos como el studium, el punctum y el “eso-ha-sido”. De estos dos autores surgen dos preguntas muy importantes: ¿cuál es la función de la fotografía en contextos de guerra? Y ¿pueden provocar una respuesta moral o simplemente se limita a registrar el dolor ajeno? Por lo tanto, esta investigación propone analizar la tensión entre ambas posturas con el fin de comprender el papel ético de la fotografía bélica en la actualidad.