Este estudio reconstruye la génesis y la evolución paleoambiental de los depósitos de estos depósitos de travertino, a partir del análisis petrográfico, microscopía electrónica de barrido (SEM) acoplada a espectroscopía de dispersión de energía de rayos X (EDS), y difracción de rayos X (DRX) aplicados a 11 muestras de travertino. Los resultados indican que la formación del travertino estuvo principalmente controlada por la actividad tectónica de la Falla del Río Servitá y por la morfología local, que favorecieron el ascenso de fluidos hidrotermales ricos en dióxido de carbono (CO₂) y la sobresaturación de iones de calcio (Ca²⁺) derivados de la lixiviación de la Formación Tibú–Mercedes. Y a partir de la cual se formaron dos litotipos principales: travertino cristalino compacto, asociado a condiciones hidrotermales estables y desgasificación rápida; y travertino poroso (toba calcárea), vinculado a ambientes superficiales de baja energía con fuerte influencia biológica. La mineralogía está dominada por calcita (>99%) con minerales detríticos subordinados, reflejando alternancias entre actividad química y aporte terrígeno. Estos resultados permiten proponer un modelo evolutivo en el que la interacción entre tectónica, hidrología, biología y clima controla las fluctuaciones en la precipitación carbonatada y la dinámica geomorfológica del sistema travertínico.