Este artículo comprende la columna periodística "El Fotógrafo Fisgón" (1969-1974) como fuente para interpretar los procesos contradictorios de modernización urbana en Bucaramanga durante la segunda mitad del siglo XX. Desde un marco teórico que concibe la fotografía como dispositivo de interpretación histórica, se aborda cada entrega como unidad discursiva indisoluble entre imagen y texto, mediante una interpretación histórico-crítica. El lente de Eslava capturó la naturaleza heterogénea de la modernización, celebrando sus promesas mientras exponía sus exclusiones, superando así la función de "testigo mudo". En su columna Carlos Eslava plantea una pregunta vigente sobre el papel de las narrativas visuales en la construcción de la ciudad y su capacidad para revelar las desigualdades tras la fachada del desarrollo.